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La escuela de Naupa Huen es una escuela-albergue con 90 alumnos, de los cuales 37 son internos. El albergue tiene capacidad para 20 chicos. Pero viven allí casi el doble de esa capacidad y de edades muy disímiles: niños de 5 a 14 años. Hay una habitación de nenas y otra de varones y un maestro auxiliar los acompaña todo el tiempo.
No hace mucho tiempo, el establecimiento de Naupa Huen fue noticia porque las cocineras que trabajan allí descubrieron que les habían enviado carne en mal estado. "La portera dijo que la carne tenía un perfume raro- relata Curruchet-. Indiqué inmediatamente que se la estudiara. Bromatología comprobó que tenía sulfito. A la semana fue Salud Ambiental y retiró la carne. El informe, que quedó archivado en el Hospital de Roca, decía "carne picada contaminada con sulfito, no apta para consumo". Yo tenía dinero de los cinco meses que nos dio Nación y compré carne entera, sin picar. Pero esto no es todo. Tampoco recibíamos leche entera, nos cansamos de pedir; mandaban una chocolatada y un café con leche que los chicos no quieren tomar. Los chicos nos piden té o mate cocido. En esta región, los chicos suelen ser amamantados y luego del destete no reciben más leche. Algunos niños llegan desnutridos. Por eso es importantísimo que se les dé leche entera. Con esfuerzo, tratamos de acostumbrarlos a volver a tomar leche. Se desaconseja que los chicos tomen café y les mandan café. Además no les gusta. Ellos mueren por un yogur, cosa que no ven ni en figurita. Tratamos de llevarles yogur, siempre de nuestro bolsillo".
A los chicos del albergue les dan apoyo escolar -comenta Carlos, el maestro a cargo del mismo-. Con ellos hacen un seguimiento constante y un refuerzo. A veces llegan chicos que tienen 10 años y no saben escribir. Se intenta estimularlos mediante talleres especiales. Los maestros auxiliares son algo más que maestros. Cumplen el rol de maestro, de padres sustitutos y de ayuda espiritual.
A la noche, los niños tienen su espacio de recreación y de baño. Los maestros ayudan a bañar a los más pequeños. El baño les insume horas porque hay sólo dos duchas y un termo de 120 litros. Luego ven algo de tevé o dibujan. Todo durante un tiempo muy reducido. Porque todas las actividades del pueblo están limitadas por las horas de electricidad que tienen. Agua y luz están racionadas, pese a que a pocos kilómetros de aquí están las grandes empresas hidroeléctricas de la región. "A veces los chicos hacen sus tareas con una velita -comenta una maestra-. Nosotros notamos cómo esos chicos van perdiendo la vista por el esfuerzo...".
La escuela tiene dos zepelines para guardar el gas. El gas es obsequiado por una petrolera. Una de las maestra auxiliares comenta que unos pescadores que llegan al lugar les consiguieron algunos medicamentos comunes para atender a los chicos, cuando tienen un resfrío o fiebre. Antes, el Estado mandaba algunas cosas, como champú, jabón, cepillos de dientes, lavandina. Ahora no. Les ayuda la Escuela Brentana de Cipolletti y el Rotary. Varias necesidades de la escuela son cubiertas por particulares.
A la precariedad edilicia, el aislamiento y la falta de fuentes de trabajo, se suma el encarecimiento. Vivir en Naupa Huen es más caro. Los maestros cuentan que en invierno gastan un promedio de un 30% de lo que ganan en leña. La gente del lugar prefiere hacer compras en cantidad en Picún, aun cuando el ahorro es relativo si suman lo que implica llegar a esta localidad neuquina por la 237. Y a esto suman otras complicaciones. No hay médico ni odontólogo de modo permanente. En la escuela y en el puesto sanitario hay muchas necesidades. Faltan desde elementos de cocina, cuadernos, instrumentos para dar clases de huerta (palas, rastrillos), hasta platos, sábanas, mantas o toallas para el albergue.
En Naupa Huen, las carencias se enfrentan dolorosamente con la ausencia de las autoridades. En otras de las localidades de la provincia, cualquiera de los problemas detallados, provocaría una inmediata reacción por parte de sus habitantes. En cualquier ciudad del Valle, por caso, si no hay gas en una escuela, se suspenden las clases. Indudablemente, el aislamiento del paraje atenta contra los derechos de sus habitantes.
Naupa Huen es un paraje de unos 300 habitantes, situado en Río Negro, a 250 kilómetros de Roca y unos 30 de Picún Leufú. Para llegar hay dos caminos: uno por Río Negro y otro por Neuquén. El primero es una huella normalmente en mal estado, sin señalización, intransitable cuando llueve. Un colectivo pasa por allí una vez por semana, aunque el servicio suele suspenderse por el mal estado de este acceso. La otra vía es más rápida, por ruta nacional 237 (que une el Valle con Bariloche), asfaltada y con estaciones de servicio. Aun así, no es fácil entrar al paraje por aquí. Las instrucciones de acceso son de "boca en boca", preguntando a algún baqueano, lugareño o pescador, ya que no existe cartel indicador que señale la entrada al lugar.
Para llegar al poblado hay que frenar en el kilómetro 1.383, pasar por el campo de un particular, encontrar al "tranquerero", peón autorizado a abrir la tranquera. Si éste abre, el viajero tiene que transitar unos 12 kilómetros hasta el Limay, río que hay que cruzar para llegar al poblado. Pero la odisea no termina allí, quizá sólo empieza.
(fuente: http://www.rionegro.com.ar/diario/2006/08/27/20068v27a14.php)
Mis venas no terminan en mí, sino en la sangre unánime de los que luchan por la vida, el amor, las cosas, el paisaje y el pan, la poesía de todos.
Dalton.